Yo los bautizo con agua, ¡pero él los bautizará con el Espíritu Santo! (Evangelio según San Marcos 1:8)

Hay otro símbolo que el bautismo en agua representa: cuando el creyente se bautiza, entra a ser parte de una gran familia: la familia de la fe. El bautismo lo vincula a una congregación: un grupo de personas, hermanos espirituales, que están allí para ayudarle a crecer, a fortalecerse en la fe, a acompañarlo en su nueva relación con Dios, a ayudarlo en momentos de necesidad. Esta familia se expresa de manera directa en la iglesia local, y de manera extendida en la Iglesia de Jesús en toda la Tierra. En sus primeros pasos, la iglesia local le enseña al creyente los aspectos básicos de su nueva relación con Dios (la mayoría llama a esto «discipulado») y a medida que va creciendo lo capacita para servir a otros y hablar de Jesús.

¿Qué pasaría si el bebé no tuviera una familia que lo protegiera, lo alimentara, le enseñará a hablar, a caminar, a relacionarse con los demás? ¿Ya eres parte de una congregación local que te acoja y te acompañe en tu caminar cristiano?