Cierto día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban la red al agua, porque vivían de la pesca. (Evangelio según San Marcos 1:16)
Existe una conocida canción compuesta por Cesáreo Gabaráin, en cuyo coro dice: «No has buscado a sabios ni a ricos, tan sólo quieres que yo te siga». El Señor comenzó su ministerio recorriendo la orilla del mar de Galilea, en donde se encontraban los más sencillos hombres y mujeres de la región: pescadores, gente del común (Pablo le diría a los Corintios en su primera carta 1:28: «Dios escogió lo despreciado por el mundo —lo que se considera como nada—y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante.«). Del mismo modo, el objetivo primario de nuestra tarea evangelizadora hoy debe poner énfasis en la persona, independientemente de su condición intelectual, social o física. La buena noticia del Evangelio es para todos, sin distinción.
¿Has sido tu mismo rechazado alguna vez por tu condición? ¿Entiendes que en la familia de Dios no hay lugar a la discriminación de ningún tipo?
