Luego el Espíritu lo impulsó a ir al desierto… (Evangelio según San Marcos 1:12)

Existen lugares a donde, en circunstancias normales, no nos gustaría ir. El espíritu humano siempre busca la comodidad, el bienestar y el confort. Pero la vida cristiana no siempre se desarrolla en estos ambientes. En muchas ocasiones, debemos cruzar por terrenos que  preferiríamos evitar, pero cuya travesía nos trae grandes beneficios en firmeza de carácter y fortalecimiento de la fe. Jesús fue impulsado por el Espíritu Santo a ir al desierto, un lugar lejos de la comodidad. Precisamente ahí está la clave: si tenemos la seguridad de la guía del Espíritu Santo, y nos movemos bajo su dirección, sabemos que aún los destinos menos probables serán seguros, pues Dios está con nosotros.

¿Eres sensible y obediente al Espíritu Santo en las decisiones trascendentales de tu vida? ¿Permites que Él guíe tu pasos?