La gente quedó asombrada de su enseñanza, porque lo hacía con verdadera autoridad, algo completamente diferente de lo que hacían los maestros de la ley religiosa. (Evangelio según San Marcos 1:22)

Era habitual  para la gente sencilla que se reunía en la sinagoga de Capernaúm, escuchar a los Maestros de la Ley.  Sin embargo, con Jesús percibieron de inmediato que frente a ellos, estaba alguien que tenía autoridad. El Señor no sólo había recibido la enseñanza religiosa que se acostumbraba para todos los hombres Judíos de la época. Aún siendo un niño, ya se «ocupaba de los asuntos de su Padre». El evangelista Lucas nos cuenta que, en un viaje a Jerusalén, sus padres lo encontraron sentado entre los maestros religiosos, escuchándolos y haciéndoles preguntas (Lc 2:41-42).

Esta temprana inquietud por la verdad, sumada a la llenura del Espíritu Santo (que procuraba siempre en sus habituales momentos de oración a solas), produjo esta sensación de asombro expectante en sus oyentes al escucharlo enseñar.

¿Qué tanto te preparas para estar listo cuando debas enseñar las verdades de la Biblia? ¿Te acompaña esa pasión por descubrir sus verdades que manifestó el Señor?