Más tarde, después del arresto de Juan, Jesús entró en Galilea, donde predicó la Buena Noticia de Dios. (Evangelio según San Marcos 1:14)

Llega el final de la tarea de Juan, y comienza la del Señor Jesús.  El Bautista ya lo había predicho: «Él debe tener cada vez más importancia y yo, menos.» (Juan 3:30). Uno de los asuntos más complejos que enfrentamos como seres humanos es saber cuando y a quien «pasar la antorcha». En la vida cristiana, este debe ser un ejercicio que ocupe toda nuestra atención. Debemos preparar a quien nos va a seguir. Tarde o temprano llegará el momento de «entregar nuestras banderas» en el Reino de Dios, porque detrás de nosotros vienen otros que algún día ocuparán nuestro lugar, y que continuarán lo que empezamos. Es el proceso normal del discipulado.

¿Estás preparando a quien tomará tu legado? ¿Has pensado en quien recogerá tus banderas el día que termines tu tarea en esta Tierra?