Ese mensajero era Juan el Bautista. Estaba en el desierto y predicaba que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada. (Evangelio según San Marcos, 1:4)

Hoy en día es común utilizar aplicaciones en nuestros móviles, que nos indican en tiempo real la situación del tráfico y nos ayudan a llegar a nuestro destino. Si tomamos el camino equivocado, estas aplicaciones nos ayudan a corregir el error y retomar la mejor ruta. Esto es posible porque utilizan satélites y la información de otros miles de conductores, de tal manera que pueden «ver» lo que nosotros no: atascos, accidentes, obras en la vía y otros imprevistos.

Esta es básicamente la manera como funciona el arrepentimiento. Con la ayuda de los «Satélites Divinos» (la Palabra de Dios y el Espíritu Santo) y la ayuda de otros que han pasado por ese mismo camino (consejeros sabios), podemos corregir nuestro camino equivocado (la Biblia llama a eso pecado) y volver a la ruta correcta para llegar al destino que Dios tiene para nosotros.

¿No es mejor consultar en nuestro camino a Quien «todo lo ve» y seguir sus indicaciones, que andar extraviado o sin un destino claro?