…donde Jesús fue tentado por Satanás durante cuarenta días. Estaba a la intemperie entre los animales salvajes, y los ángeles lo cuidaban. (Evangelio según San Marcos 1:13)
No nos podemos imaginar un escenario más desolador: el desierto, la intemperie, rodeado de animales salvajes y con el enemigo tentador enfilando los ataques en contra de Jesús. No sería lo que uno espera al comenzar un ministerio, menos cuando hace poco los cielos se habían abierto y se había escuchado una voz del cielo ofreciendo su aprobación. Los desiertos en la vida cristiana son más frecuentes de lo que pensamos. Pero aún en aquellos momentos en los que más solos y vulnerables nos sentimos, podemos tener la seguridad de dos cosas: Uno, son pasajeros. Y dos, no estaremos solos: el cuidado de Dios se manifestará de una u otra forma.
¿Estás atravesando un desierto? ¿Puedes percibir por la fe que aunque sientas que estás solo y atacado, Dios está contigo?
